El hogar y la lámpara de resplandor pequeño;
la frente entre las manos en busca del ensueño;
y los ojos perdidos en los ojos amados;
la hora del té humeante y los libros cerrados;
el dulzor de sentir fenecer la velada,
la adorable fatiga y la espera adorada
de la sombra nupcial y el ensueño amoroso.
¡Oh! ¡Todo esto, mi ensueño lo ha perseguido ansioso,
sin descanso, a través de mil demoras vanas,
impaciente de meses, furioso de semanas!
jueves, 26 de febrero de 2009
viernes, 20 de febrero de 2009
miércoles, 18 de febrero de 2009
viernes, 13 de febrero de 2009
Homenaje
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
sábado, 7 de febrero de 2009
Se fue a vivir a Paris
El siniestro cielo hundió
una senda de pura delicia,
donde guardar tu ala bajo mi mano,
y dibujó un alambre que bordea
el litoral de tu cuerpo,
recorrido por un funambulista
que llora lagrimas de lunares porque
aprendió, con el feroz reflejo de la luna
que resplandece en el profetico invierno,
el insólito misterio del lamento que no concluye jamás.
una senda de pura delicia,
donde guardar tu ala bajo mi mano,
y dibujó un alambre que bordea
el litoral de tu cuerpo,
recorrido por un funambulista
que llora lagrimas de lunares porque
aprendió, con el feroz reflejo de la luna
que resplandece en el profetico invierno,
el insólito misterio del lamento que no concluye jamás.
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