Por cavernas subterráneas
de ariscos y bruscos terruños,
parten languidas mis palabras unas,
desmedidas otras:
Parte y reparten tanto, tan poco,
que sus ojos, sus bocas, su corazón
no encuentran la precisa dirección
establecida por tu rigurosa mirada.
Tú que ves estas palabras
que decidieron vivir, viviéndose y no viéndose.
Tú que las viste mirándote,
morir muriéndose.
domingo, 29 de junio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario