
«Sentimos el vacío de Thelonious apartado del borde del piano, el interminable diástole de un solo inmenso corazón donde laten todas nuestras sangres, y del piano, el oso se balancea amablemente y regresa nube a nube hacia el teclado, lo mira como por primera vez, pasea por el aire los dedos indecisos, los deja caer y estamos salvados, hay Thelonious capitán, hay rumbo por un rato». Julio Cortázar. “La vuelta al piano de Thelonious Monk” de “La vuelta al día en ochenta mundos.”
Thelonious Monk (1917-1982), uno de los músicos más personales, singulares e influyentes de la historia del jazz, puso toda su fe en la creación de la música, siendo el hombre y su música indefectiblemente uno.
La historia seguramente comience con un niño tocando un piano en una iglesia pero nos trasladaremos hasta el “Minton´s Playhouse” de Nueva York, uno de los locales donde el be bop cristalizó, con las famosas jams que duraban toda la madrugada, allí Kenny Clarke el encargado de dirigir la banda que tocaba, eligió para el piano a un excéntrico joven: Thelonious Monk. Fue en las infinitas noches de ese y otros locales neoyorkinos, donde acabó de gestarse este nuevo estilo.
Sin embargo aunque Monk estuvo en el centro del huracán del nacimiento del mismo, erróneamente se le suele considerar uno de los pioneros del bop, ya que nunca le interesaron o tal vez pronto le dejaron de interesar esos tempos rapidísimos, donde primaba un virtuosismo ostentoso, porque Monk empieza y acaba en Monk, es el individualista por excelencia, aunque paradójicamente haya influenciado a un gran número de músicos
Su debut en un estudio de grabación se produce en el año 1944 y lo realiza junto a Coleman Hawkins, un músico de la vieja escuela pero con un verdadero conocimiento armónico y una compleja modernidad en su lenguaje, ya en esas grabaciones muestra un claro afán de experimentación, aunque también resulta evidente que es un músico ligado a la tradición, con clara influencia del stride.
Es en su debut como líder para el sello Blue Note, en lo que fuera una apuesta personal por parte de Alfred Lion, como años después lo fuera Andrew Hill, donde por primera vez aparece esbozado su insondable universo musical, en ellas aparecen de manera madura muchas de las características de su estilo: Repetición de fragmentos melódicos sencillos, ritmos discontinuados o rotos, acordes disonantes, melodías cantarinas como juegos que servían de vehiculo para adentrarse en unas estructuras o arquitecturas musicales realmente complejas, rotundo toque percusivo, entendiendo el piano como un instrumento de 88 tambores……
A las grabaciones de Blue Note siguieron algunas para el sello Prestige, que a pesar de su grandeza musical obtuvo escasas ventas y una respuesta tibia del público y de la mayor parte de la crítica, el ejemplo más claro del poco valor que se le concedió a Monk en Prestige fue que le liberó de su contrato por la ridícula cifra de 108,27 dólares.
Fue entonces el productor y periodista Orrin Keepnews, quien ya en la década de los cuarenta había escrito elogiosamente sobre Monk, cuando este era absolutamente ignorado por la critica y por el público, de hecho era más conocido por sus actitudes extravagantes que por su música, quien le ficharía para Riverside, un pequeño sello que el mismo dirigía.
Durante este periodo no existe una gran variación respecto al concepto musical, aunque sigue ampliando su repertorio con nuevas composiciones, pero más de una veintena de sesiones dieron la oportunidad de expresar su música en diversos contextos, está época resulta especialmente exitosa para Monk, y es entonces, a partir de la segunda mitad de los años 50, cuando Monk es reconocido en toda su grandeza. La devolución de la licencia, retirada por posesión de drogas, durante seis años no permitiéndole actuar en los clubs de New York, puso fin a su evidente tendencia a la reclusión y comenzó a girar asiduamente tanto por Estados Unidos como por el resto del mundo, pero también fue una época de profundos problemas psicológicos, y a la manera de Elisabeth, la actriz interpretada por Liv Ullman en la magistral “Persona” de Ingar Bergman, Monk se quedaba días y días sin hablar, ni siquiera Nelly su confidente esposa era capaz de arrancarle unas palabras, sin embargo la música nunca se resintió.
En 1962, un gigante de la industria musical, Columbia ficha a Monk, atrayendo el interés de un mayor número de gente, en esos años llegó a convertirse en una autentica leyenda viviente (como ejemplo decir que fue portada de la revista Time), estas grabaciones son consideradas discutiblemente secundarias, tal vez así sea puesto que la creencia popular es que el legado mayor de Monk son sus composiciones y se trata de una época en la que apenas incorpora nuevos temas, sin embargo el mayor de los legados es él tocando sus composiciones, ya que son facetas que resultan paralelas e indisociables, siendo absolutamente complementario su estilo pianístico y su obra como compositor. Por lo tanto es un error darle un papel secundario a estas grabaciones, ya que la perfección que alcanza Monk en sus interpretaciones y la compenetración con Charlie Rouse es inaudita.
Entre sus grabaciones, hay que destacar sin duda, las sesiones en las que Monk tocaba solo al piano, pues es cuando más puro resulta escucharle, su persona enfrentada ante el abismo del piano, buscando la nota perfecta, a la manera de Flaubert con las palabras, como una especie de cirujano diseccionando un cadáver, tratando de buscar el germen, la esencia, reduciéndolo todo al máximo, al estilo de la poesía Haiku, con la complicidad del silencio, prescindiendo completamente de todo barroquismo y virtuosismo gratuito pero en el que se encontrase todo, él mismo daba la clave: “No son las notas que tocas son las que omites”
Desde el año 1968 hasta su definitivo silencio, se producen apariciones puntuales (gira de los Bop Fathers o las actuiaciones en el Carnegie Hall) pero es una época de claro declive afectado por problemas psicológicos y agotado por saturación.
Y así, misteriosamente decidió retirarse durante los seis años que tuvo que esperar a la muerte, sin moverse de la habitación preparada por su amiga la baronesa Pannonica de Koenigswater. Alejándose del mundo en su necesario arte de las soledades. Don DeLillo, en su “Contrapunto” dice: "El artista, adepto de la soledad, vive al borde de esa inmensidad psíquica, otro mundo de hielo y tiempo e introspección invernal".
"Sucede sin embargo que es verano", solía decir Monk cuando nevaba en Nueva York.
Thelonious Monk (1917-1982), uno de los músicos más personales, singulares e influyentes de la historia del jazz, puso toda su fe en la creación de la música, siendo el hombre y su música indefectiblemente uno.
La historia seguramente comience con un niño tocando un piano en una iglesia pero nos trasladaremos hasta el “Minton´s Playhouse” de Nueva York, uno de los locales donde el be bop cristalizó, con las famosas jams que duraban toda la madrugada, allí Kenny Clarke el encargado de dirigir la banda que tocaba, eligió para el piano a un excéntrico joven: Thelonious Monk. Fue en las infinitas noches de ese y otros locales neoyorkinos, donde acabó de gestarse este nuevo estilo.
Sin embargo aunque Monk estuvo en el centro del huracán del nacimiento del mismo, erróneamente se le suele considerar uno de los pioneros del bop, ya que nunca le interesaron o tal vez pronto le dejaron de interesar esos tempos rapidísimos, donde primaba un virtuosismo ostentoso, porque Monk empieza y acaba en Monk, es el individualista por excelencia, aunque paradójicamente haya influenciado a un gran número de músicos
Su debut en un estudio de grabación se produce en el año 1944 y lo realiza junto a Coleman Hawkins, un músico de la vieja escuela pero con un verdadero conocimiento armónico y una compleja modernidad en su lenguaje, ya en esas grabaciones muestra un claro afán de experimentación, aunque también resulta evidente que es un músico ligado a la tradición, con clara influencia del stride.
Es en su debut como líder para el sello Blue Note, en lo que fuera una apuesta personal por parte de Alfred Lion, como años después lo fuera Andrew Hill, donde por primera vez aparece esbozado su insondable universo musical, en ellas aparecen de manera madura muchas de las características de su estilo: Repetición de fragmentos melódicos sencillos, ritmos discontinuados o rotos, acordes disonantes, melodías cantarinas como juegos que servían de vehiculo para adentrarse en unas estructuras o arquitecturas musicales realmente complejas, rotundo toque percusivo, entendiendo el piano como un instrumento de 88 tambores……
A las grabaciones de Blue Note siguieron algunas para el sello Prestige, que a pesar de su grandeza musical obtuvo escasas ventas y una respuesta tibia del público y de la mayor parte de la crítica, el ejemplo más claro del poco valor que se le concedió a Monk en Prestige fue que le liberó de su contrato por la ridícula cifra de 108,27 dólares.
Fue entonces el productor y periodista Orrin Keepnews, quien ya en la década de los cuarenta había escrito elogiosamente sobre Monk, cuando este era absolutamente ignorado por la critica y por el público, de hecho era más conocido por sus actitudes extravagantes que por su música, quien le ficharía para Riverside, un pequeño sello que el mismo dirigía.
Durante este periodo no existe una gran variación respecto al concepto musical, aunque sigue ampliando su repertorio con nuevas composiciones, pero más de una veintena de sesiones dieron la oportunidad de expresar su música en diversos contextos, está época resulta especialmente exitosa para Monk, y es entonces, a partir de la segunda mitad de los años 50, cuando Monk es reconocido en toda su grandeza. La devolución de la licencia, retirada por posesión de drogas, durante seis años no permitiéndole actuar en los clubs de New York, puso fin a su evidente tendencia a la reclusión y comenzó a girar asiduamente tanto por Estados Unidos como por el resto del mundo, pero también fue una época de profundos problemas psicológicos, y a la manera de Elisabeth, la actriz interpretada por Liv Ullman en la magistral “Persona” de Ingar Bergman, Monk se quedaba días y días sin hablar, ni siquiera Nelly su confidente esposa era capaz de arrancarle unas palabras, sin embargo la música nunca se resintió.
En 1962, un gigante de la industria musical, Columbia ficha a Monk, atrayendo el interés de un mayor número de gente, en esos años llegó a convertirse en una autentica leyenda viviente (como ejemplo decir que fue portada de la revista Time), estas grabaciones son consideradas discutiblemente secundarias, tal vez así sea puesto que la creencia popular es que el legado mayor de Monk son sus composiciones y se trata de una época en la que apenas incorpora nuevos temas, sin embargo el mayor de los legados es él tocando sus composiciones, ya que son facetas que resultan paralelas e indisociables, siendo absolutamente complementario su estilo pianístico y su obra como compositor. Por lo tanto es un error darle un papel secundario a estas grabaciones, ya que la perfección que alcanza Monk en sus interpretaciones y la compenetración con Charlie Rouse es inaudita.
Entre sus grabaciones, hay que destacar sin duda, las sesiones en las que Monk tocaba solo al piano, pues es cuando más puro resulta escucharle, su persona enfrentada ante el abismo del piano, buscando la nota perfecta, a la manera de Flaubert con las palabras, como una especie de cirujano diseccionando un cadáver, tratando de buscar el germen, la esencia, reduciéndolo todo al máximo, al estilo de la poesía Haiku, con la complicidad del silencio, prescindiendo completamente de todo barroquismo y virtuosismo gratuito pero en el que se encontrase todo, él mismo daba la clave: “No son las notas que tocas son las que omites”
Desde el año 1968 hasta su definitivo silencio, se producen apariciones puntuales (gira de los Bop Fathers o las actuiaciones en el Carnegie Hall) pero es una época de claro declive afectado por problemas psicológicos y agotado por saturación.
Y así, misteriosamente decidió retirarse durante los seis años que tuvo que esperar a la muerte, sin moverse de la habitación preparada por su amiga la baronesa Pannonica de Koenigswater. Alejándose del mundo en su necesario arte de las soledades. Don DeLillo, en su “Contrapunto” dice: "El artista, adepto de la soledad, vive al borde de esa inmensidad psíquica, otro mundo de hielo y tiempo e introspección invernal".
"Sucede sin embargo que es verano", solía decir Monk cuando nevaba en Nueva York.
1 comentario:
el negro y la negrita
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