miércoles, 10 de septiembre de 2008

Sin pensar, sin revisar, sin corregir...del tirón por que sí.

Que divertido, carcajearte compartiendo las pervesiones de Philip Roth, despues de un caliente café y una reparadora ducha, que te reinserta en el mundo despues, de dormir practicamente al ras de suelo, clavandote las maderas, de lo que es un patético invento por descubrir nuevas formas de descansar sin sueño, y ver las caras extrañadas de la gente que no entienden una risa locuaz, en un metro a unas horas que parece que esté prohibido siquiera sonreir, pero su perpleja mirada me acerca mucho más a ese personaje de Roth, con el que tantas cosas comparto, y ponerle edad a una puta tomando de referencia el momento de publicación del Ulises de Joyce, hace que la carcajada se convierta en una palpitante sonoridad, que está vez si termina por ofender a un personal incapaz de disfrutar de un trayecto a sus celdas de trabajo donde se convierten involuntariamente en prisioneros de si mismos, como involuntariamente el tigre que con sus simétricas rallas, que descifran este universo, convertidas en sus propios barrotes, vaga en su salvaje celda.

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